A las dos y veinte minutos de la madrugada de este jueves 3 de noviembre salían de la basílica de la Macarena de Sevilla los restos mortales del general franquista Gonzalo Queipo de Llano y de su esposa Genoveva Martí, con lo que culminaba una operación que se desarrolló en poco más de cinco horas, en un ambiente de secretismo y nocturnidad.
Cuando se abrieron a esa hora las puertas de la basílica y salió el coche fúnebre, en el exterior del templo solo había una veintena de informadores —entre redactores, cámaras de televisión y fotógrafos—, un par de vecinos del barrio con un perro y una emocionada Paqui Maqueda, presidenta de la asociación memorialista Memoria Nuestra, además de unos veinte familiares de Queipo que asistieron a la exhumación.
Los trabajos se han realizado en cumplimiento de la nueva Ley de Memoria Histórica y Democrática.




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